Crónica de una muerte anunciada, Gabriel García Márquez: resumen


Santiago Nasar se levantó a las cinco y media de la mañana el día que lo iban a matar.  Iba a recibir al obispo. Soñó esan noche con pájaros y árboles, árboles al igual que los días previos, pero su madre, interpretadora de sueños, no vio funestos augurios en esos sueños. Se levantó con dolor cabeza, había dormido mal pero todos recordaron que estaba de buen humor cuando salió de casa media hora más tarde, hasta que lo mataron hacia las siete. Dijo que el día ere hermoso, pero la mayoría recordaba un día gris y con llovizna. Yo estaba durmiendo todavía con María Alejandrina y solo me desperté con las campanas a rebato por su muerte. Vistió el pantalón y la camisa de ñino de la boda para recibir al obispo. En otro caso, para ir a la hacienda, habría ido con ropa de trabajo y armado, con algunas de las muchas armas que tenía. Dormía con una pistola debajo de la almohada, como su padre, pero descargada siempre, despuñes de que una vez la criada sacudiese la almohada de su padre e hiciese disparar accidentalmente la pistola. La última imagen que tuvo su madre fue el paso por su habitación para recoger una aspirina. Le comentó lo del sueño: la madre le dijo que los pájaros traen buena suerte, nada de los árboles. Cuando volví al pueblo la encontré en la misma habitación y la misma hamaca, con hojas en las sienes para el dolor de cabeza. Me confundió con el recuerdo de su  Santiago, "el hombre de su vida" dijo. 21 años tenía Santiago. Apuesto. Algre y pacífico. Hijo único de un matrimonio que no fue feliz. De la madre el instinto y del padre aprendió el manejo de las armas y caballos. El padre murió siendo él joven y tuvo que dejar la secundaria para dedicarse a la hacienda, de nombre El Divino Rostro.

Se vistió de gala para recibir al obispo, aunque su madre dudó que el obispo llegara a bajarse del barco. Pero a Santiago le fascinaban las grandezas de la iglesia. La madre le aconsejó que llevara paraguas y Santiago se fue. No lo volvió a ver con vida. Fue a la cocina para que le sirviera el desayuno Victoria Guzmán, la cocinera, que estaba limpiando conejos. Tomando el café, cogió a Divina Flor, su hija adolescente, por la muñeca, para decirle que ya estaba para perder la virginidad. Su madre le advirtió, que ni se le ocurriera. Ella misma había sido seducida por Ibrahim Nasar, el padre de Santiago, hasta que tuvo a Divina con otro hombre. Divina se sentía predestinada a la misma seducción pero ahora con Santiago. Victoria me dijo que el padre y su hijo fueron iguales y únicos, pero tambiñen les llamó mierda a los dos. Recordó que Santiago le recriminó sacar las tripas así a los conejos, como si fuese una premonición.

La casa fue comparada y reconstruida por Ibrahim Nasar cuando los barcos ya no llegaban hasta allí por el río. Eran depósitos entonces. Hizo las estancias de la casa. Pero conservó ciertos elementos: la puerta delantera y la puerta trasera, entre ellos. La puerta delantera estaba cerrada siempre con tranca excepto en fiestas. Sin embargo, Santiago salió por allí ese día, y allí le esperaron también sus asesinos, a pesar de que se llegaba más raṕido al puerto por la puerta trasera. Casualidades trágicas. La puerta fatal, se le llamó. La madre dijo que salió por allí poque iba bien vestido.

 

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